He tenido una infancia dulce, algo peculiar pero feliz. Los primeros pasos se recuerdan con mucha añoranza, como si la vida fuese a mantenerte en ese espacio de alegría perpetua. El despertar a la curiosidad fue un dolor de cabeza para los míos.
Supongo que mi avidez llenaba el vacío de tantas interrogantes, mi dispersión era algo dramática. Esta incapacidad por la degustación lenta de lo cotidiano me ocupaba hasta encontrar el objeto de mis deseos . Iba buscando algo que me fijase , para alegría de mis Padres, cuando todo se quedaba calmo volvía.
Supongo que mi avidez llenaba el vacío de tantas interrogantes, mi dispersión era algo dramática. Esta incapacidad por la degustación lenta de lo cotidiano me ocupaba hasta encontrar el objeto de mis deseos . Iba buscando algo que me fijase , para alegría de mis Padres, cuando todo se quedaba calmo volvía.
Mis gran compañera fue la calma que me proporcionaba mi Abuela . Ella me ofreció una visión gratificante de la vida, pero la elección evidentemente era mía, sin decir nada fuí haciendo amigos inconfesables. Coco, el perro de mi abuela al que nunca le ví los ojos porque todo el pelo le caia encima, y que mi presencia le alegraba el día como él a mí.
Mi abuela, mujer tierna con un corazón de cristal , se abría paso llenando de olor a jazmín la habitación.
El fuego de su querer, el eterno regazo y sentirla muy mía. Su manifiesta paciencia me desarmaba . No habían palabras, como en una película de cine mudo todo iba tomando forma. Adolescente le confesé mi admiración; ella se rió y continuo hablando. La quisé aún más.
El fuego de su querer, el eterno regazo y sentirla muy mía. Su manifiesta paciencia me desarmaba . No habían palabras, como en una película de cine mudo todo iba tomando forma. Adolescente le confesé mi admiración; ella se rió y continuo hablando. La quisé aún más.
Durante aquella transición de la infancia a la juventud la angustia de la soledad es más viva. Somos inasequibles, infranqueables... pero ella estaba allí, mi ángel de la guarda. Te quedaste conmigo y sigues ahí soldadito de plomo, testigo de mis sueños, cómplice de mis travesuras.Si supieses cuanto te he seguido; cuantos consejos salieron de tí en los momentos crepusculares de mis tropiezos.
No hay nada que se aprenda sin el tiempo, tan sabio como tú, mi singular dama.Me dejastes las huellas de tus pies que hacen mi sendero más fácil de avanzar; esas huellas de pies cansados que van haciendo mi destino.
No hay nada que se aprenda sin el tiempo, tan sabio como tú, mi singular dama.Me dejastes las huellas de tus pies que hacen mi sendero más fácil de avanzar; esas huellas de pies cansados que van haciendo mi destino.
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